TRUMP EN LA CONTROVERSIA DEL CHAMPAGNE

  • Acorde con su prédica nacionalista, Trump eligió sólo vinos estadounidenses para su comida inaugural, entre ellos un polémico Champagne de California.

Tal vez la primera de las innumerables batallas que le esperan al nuevo presidente norteamericano no se desarrolle en el terreno de las armas atómicas y ni siquiera convencionales, sino en torno al vino. Y es que con su conocida capacidad para la controversia Donald Trump eligió para el brindis de la comida que se realizó en su honor un burbujeante “Champagne de California”,

El mandatario sintonizó con su prédica nacionalista al elegir para acompañar el menú sólo vinos estadounidenses. Hasta ahí todo bien, sólo que entre ellos venía la piedra en el zapato o, si se prefiere, la de la discordia: un espumoso de la bodega Korbel, que no ha desistido de utilizar la palabra “Champagne”, denominación de origen mundialmente protegida.

Y es que desde 1958 existe un acuerdo internacional conocido como “Arreglo de Lisboa” que protege a las denominaciones de origen. Y Champagne no sólo es una de ellas sino también una de las más sensibles. Junto con las de Burdeos y Borgoña, conforman el trío de regiones más popularmente identificadas con el vino francés.

Aquel acuerdo, administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, sufrió desde entonces modificaciones y adiciones en medio de abundantes controversias entre los países. En 2006 la Unión Europea y EEUU acordaron finalmente prohibir el uso de la palabra “champagne” en los espumosos norteamericanos.

No obstante la bodega Korbel, situada en Sonoma, continuó etiquetando sus botellas de esa manera bajo el argumento de que lo ha venido haciendo así desde mucho antes de que entrara en vigor el acuerdo.

Korbel Natural, mezcla de Pinot Noir y Chardonnay, está elaborado con el método champenoise y se ha servido sistemáticamente en las ceremonias de investidura presidencial, lo que le valió el apodo de “Champagne” de los presidentes norteamericanos.

Pero también le valió una carta de protesta de la Oficina de Champagne en Washington cuando fue servido en la toma de posesión de Barack Obama en 2012. Ahora, opina la revista inglesa Decanter, “podría reabrir viejas heridas” con las bodegas francesas.

Menos polémica fueron las otras dos elecciones para la comida de la investidura: el J. Lohr’s Arroyo Vista Chardonnay 2013, elaborado por la bodega Arroyo Seco de Monterrey, y el Semental Italiano Cabernet Sauvignon Edición Limitada 2012, de la vinícola Delicato Family de Napa.

Como un gesto destinado a opacar el presagio de conflicto de intereses entre el cargo político y el que desempeña en la presidencia de su país, puede interpretarse que Donald Trump no haya contemplado para la comida botellas de la Trump Winery, situada en Virginia y controlada por Eric, su hijo.

Teniendo en cuenta la heterogénea asistencia, que incluía a representantes del Congreso de ambos partidos, así como a los ex presidentes George W. Bush, Barack Obama y Bill Clinton, así como a la ex candidata Hillary, obligarles a beber Trump no se hubiera visto elegante (aun cuando la elegancia no es precisamente una cualidad en la que destaque el nuevo presidente) y podría haber hundido el ágape en una epidemia de agruras.